El silogismo es simple: Los estudios se dirigen al público mayoritario. El público minoritario queda desatendido en su sed de proyectos específicos y no necesariamente caros. Internet reúne al público minoritario. ¿Por qué no iba una mayoría de minorías a pagarse el contenido que los estudios no le quieren hacer?
Es lo que pensó el populista Kevin Smith (Clerks, Chasing Amy) cuando se vio sin recursos para pagarse una película de terror estilo años 70 que tiene en mente desde hace años, llamada Red Slate. Sus productores le insistieron que antes rodara algo más rentable (una película de hockey que él ha llamado Hit Somebody y que empezará a grabarse este año) y que luego verían. Pero él ha apostado por un banco menos exigente: el bolsillo de sus fans.
En estos tiempos de redes sociales y agrupación de interesados, la cosa tenía sentido. Que cada uno pusiera lo que pudiera para ver la película que querían ver a cambio que su nombre figure en los títulos de créditos. Si los estudios no hacen más que tirar de secuelas y franquicias, ésta resulta una forma de hacerles un corte de mangas y llevar el movimiento indie al extremo. Pero el primer obstáculo lo encontró en forma de Hacienda. Hace unos días, el director le confesaba a CINSSU:
Estamos creando la web. Queremos ver si se pone en marcha y recoge donativos. Pero se ha convertido en una pesadilla de impuestos… parecía una cosa fácil hacerlo online… pero ahora resulta que hay que hacer muchas cuentas para que nos cuadre todo. Si al final funciona, estoy más que dispuesto a compensarlo. Lo que ganes en la red, que le jodan, si tú lo pones, yo lo pongo.
A las pocas horas, la propia red no encajaba bien la noticia. Que si Smith está siendo demasiado avaricioso, que si se está aprovechando de sus fans… Más que sentar las bases de un nuevo modelo de financiación independiente, lo que parecía que quería Smith era salirse con la suya a costa del público. Al final, el director ha tenido que salir en defensa de la idea en su blog, con un estilo tal que sería un desperdicio resumirlo. Traducido tal cual:
¿Y qué si (y digo SI con grandes jodidas S e I) esto de que los fans financien la película sale a adelante? Yo no saco un duro de esto. Y si estuviera, como dicen, aprovechándome de mis seguidores para sacar fondos, ¿crees que me cobraría un salario? Sólo me emocioné porque un puñado de tipos dijeron que tenían muchas ganas de ver la película, en plan, “Toma, veinte dólares, por si te ayudan”. Sin haber leído el guión. Ni querría ni cogería un céntimo de un gesto tan puro como ese. No me pierde el dinero: si lo fuera, cobraría por SModcast [el podcast que cada semana publica el director] (que tiene unas 300 mil descargas, así que por 99 céntimos, aunque sólo me pagara la mitad del público, aun serían unos estupendos 150 dóalres a la semana. A la semana).
No se trata de sacar tajada, pedazo de capullos negativos: se trata de hacer cine. ¿Qué tendrá eso de enfermizo? Los soplapollas que tanto se quejan ESCRIBEN PARA WEBS DE CINE. Sería de esperar que apoyaran una película. Y si lográramos la financiación del público y nos lanzaros a hacer la película, imagínate que sale rentable. ¿Y entonces qué? ¿Habría beneficios? ¿Se le devolvería dinero a la gente? ¿Adónde iría ese dinero? Nuestra idea es usar todo lo que ganemos en pagar otras pelis (menos rentables) que los fans quieran er. ¿Y de ahí? A formar un Estudio del Pueblo. Basta con que alguien interesado/frustrado/desesperado cuelgue su guión en nuestra web para que todos lo lean. El guión que más voto reciba se lleva el botín. Esa sería la peli que haríamos y que venderíamos, y todo lo que ganásemos con ella iría a la siguiente ronda.
Si con Red State sacáramos suficiente, la idea sería pagar dos películas de bajo presupuesto al año. Es el sueño definitivo del movimiento indie. Porque el inevitable cierre de Miramax nos ha traído la sobria epifanía de que el negocio especializado se ha muerto del todo. Hace mucho que pasaron los 90 y la primera versión del movimiento indie se ha terminado. Hasta que ese mercado vuelva a efervescer, quizá ésta es una buena idea de avivar las cenizas. Ya sé que lo que deberíamos hacer es dejar que las cosas pasen, pero no puedo evitarlo: no quiero ver cómo desaparece el mundo indie que yo conocí. Soy idealista, bonachón y tengo un sueño.
Es cierto que, en su obsesión por la apuesta segura, Hollwyood se está adentrando en los terrenos de la serialización televisiva. Y que en televisión, hace tiempo que se descubrió la oferta de contenidos a la carta. Así que si la oferta generalista ya no cuela entre los espectadores, más que dispuestos a pagar un poco más por ver los contenidos que él elige en un canal dirigido exclusivamente a él, puede que la idea de Smith no sea tan descabellada. Claro que también es cierto que la calidad de estos productos no promete, ni por medios ni por lo sectario de sus fórmulas. Pero si de lo que se trata es de ofrecer aire fresco, impulsar una nueva generación de cineastas y redimirse por Clerks 2, Smith puede seguir adelante.
Pero no estaría mal que, antes de lanzarse al ciberespacio con la calculadora y el libro de cuentas, el director se planteara qué tipo de gente conforma su target. Porque es posible que no tengan suficiente para donarle. Aunque la película no suena muy cara, y el director tiene sus legiones de seguidores. Siempre y cuando la dudosa Cop Out no les eche para atrás. Que todo puede ser.
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